Hace nueve años que yo tuve un choque cultural. Mi ejemplo es de la cultura francésa en la Caribe. Una noche en Guadaloupe, mi familia encontró un restaurante por la cena. El restaurante era unos de los favoritos de las indígenas de la isla francesa. La carta estaba en francés, con los nombres de platos que no comprendí. Porque yo tenía 12 años, estaba atrevido y elegí una comida que no reconocí…
Después de quince minutos, el olor empezó a tapar la nariz. Supe que estaba en apuros. Mis padres y mi hermano no supieron mi plato en ingles, incluso nuestro mesero, pero el dijo que todo le gustó. No le vi y yo supe que no estaría mi cena favorita.
Cuando llegó, pareció como caca y salsa. Quise vomitar cuando la “comida” tocó mi lengua. El mesero me mostró un foto con el animal… ¡Una cabra! Y mejor, ¡me dijo que estaba rara! No me encantó la salsa en la carne, qué tuvo un color verde y un olor malo también. ¿Su gusto? No vamos allí. Tomé un bocado, aunque el ángel y demonio en los hombros me gritaron -¡No!-
-¿Puede tener otro bocado, señor?- dijo el mesero.
Era atrevido, pero mantenía las distancias.
Que mala sorpresa. Espero que hay otras experiencias que recordaste de este viaje que están muy agradables. A menos, tú puedes decir que has comido un animal muy raro y puedes elaborar sobre tu valor para hacerlo.